martes, 19 de junio de 2012

La República Independiente de San Nadie.

Autor, José Carlos Iglesias Dorado.
Autoedición, 2012.
 112 páginas.
Pvp, 9 €.


Bueno, por si a alguno le recuerda este título a cierto anuncio de televisión ya le advierto de que sí, de que yo también lo he visto y, además, le digo que lo ha visto el melancólico y romántico protagonista del emotivo cuento que inicia esta colección de relatos que lo da nombre. No lo he leído, pero lo he escuchado. Hace unos días que  José Carlos Iglesias Dorado presentó su segundo libro en la Asociación Comunera Hacia Medina del Campo y allí pude oír el relato La República Independiente de San Nadie con la voz profunda de nuestro escritor como vehículo principal. Se trata de un cuento que concreta bien algunas de las señas de identidad de la escritura de este medinense al que conozco desde hace algunos años, por suerte un poco más cada vez. Sus relatos son humanistas, a veces melancólicos y el medio rural los protagoniza casi al completo. Sus personajes son de esos que ablandan el corazón de los lectores y uno se sonríe con extraña tristeza de alegría remota -como pasada o ficticia- con cada cuento que termina. Es la experiencia que he vivido y así la cuento.

Así que, efectivamente, tenemos nueve relatos interesantes, mundanos y que se alejan en su mayor parte de cierta pretensión efectista que rebajaba la calidad de los textos de su primer libro: GENTE SIN TINO. En su mayor parte se trataba de relatos atractivos, bien narrados, bien hilados y con personajes bien retratados, buenas historias que pecaban de cierta manía explicativa que lo dejaban a uno un tanto contrariado al final. Desgraciadamente me he encontrado con ello en SANCHO, EL DE AVELLANEDA: se trata de una historia preciosa, realmente bonita, en la que Iglesias Dorado me ha embaucado una vez más -como en casi todo el resto del libro-: es la historia de un vendedor ambulante que recorre la vieja Castilla con el pesar de una realidad sofocante de la que logra zafarse en los momentos de más intensidad del cuento y que se nos queda en nada por gracia de su último párrafo que, la verdad, no sólo sobra si no que, además, le quita la gracia al asunto.

Pero Peri Lope -ya lo saben- es un tipo honesto, dice lo que piensa. Este libro está bien escrito, está tan bien escrito que José Carlos Iglesias Dorado merecería con él ser publicado en editorial ajena. Sin embargo, también en esta segunda ocasión el autor se edita. Lo hace en  formato humilde y práctico, rústico y de bolsillo. Tampoco es que la extensión de lo escrito de para más y, afortunadamente, lo bueno está adentro. En este sentido un libro así sobresale entre la mayoría de lo que hoy en día se publica. Los relatos de Iglesias Dorado merecen la pena como los del más auténtico contador de historias y es lógico quedar satisfecho con su lectura y aún atrapado en las vivencias de los personajes que por sus páginas pasan.

Hay en la mayoría de relatos una reivindicación de la vida sencilla, de pueblo, del disfrute de las pequeñas cosas que -particularmente- me gusta mucho. Hay, en realidad, un retrato, cierta preocupación del autor por quienes piensan así, un respeto absoluto a quien a duras penas es arrastrado a la modernidad. También el reconocimiento positivo de la modernidad en las faltas de personajes tan imperfectos como entrañables. Quiero decir que no siempre el autor toma partida por determinada forma de vida, que es consciente de la evolución y que sabe que esta trae por igual progresos y retrocesos con los que los personajes han de lidiar a menudo irreflexivamente, anclados en sus prejuicios, acertados unas veces, no otras. Aquí, por ejemplo, podemos incluir el relato 11/07/2010, fecha que hace referencia al campeonato mundial de fútbol ganado por la selección, y que se desarrolla en el teleclub del bar de un pequeño pueblo donde apenas llega la señal televisiva. También QUIEN LE MANDA A UNO trata la misma temática, sobre el viaje a Benidorm de un abuelo que, en realidad, realiza sin convicción. Especialmente estimulante me ha resultado la lectura de ABUELO MANUEL, una reflexión implícita a propósito del progreso y a través de un personaje raro, anclado en la Historia y que, sin embargo, logra representar ese tipo de humanismo que lo emociona a uno en un país que ha sido tanto tiempo dos y que aún sigue siéndolo en determinadas ocasiones. Aquí Iglesias Dorado luce pluma sobria y demuestra una sensibilidad extraordinaria. Se agradece.

Precisamente Dorado vuelve a hacer honor de esa sensibilidad en otro gran relato: CAMPANADAS DE MEDIANOCHE, en el que evoca a la compleja -rica- personalidad política y poética que fue Dionisio Ridruejo a través de la búsqueda romántica de un electricista  reconvertido a iluminador escénico nada más y nada menos que con Orson Welles y con vocación -a su vez- de poeta. No me digan que no promete. Sepan que da. Hilando con cierto internacionalismo incluyo en este párrafo la mención al relato LA PARTIDA, en el que tres viejos amigos pierden a un cuarto -compañero de tute- y han de revolver entre la tristeza para dar con quien pueda continuar las sesiones de cartas, lo que les llevará a apañárselas con un pastor búlgaro, vecino nuevo, que traerá consigo un soplo de aire fresco al pueblo. 

En polos opuestos cabría poner LA PROMESA, relato un tanto desgarrador a propósito del trabajo en las minas con el que generaciones de leoneses han sacado adelante a sus familias castigando sus propias vidas, y LA MÚSICA DIVINA, relato optimista que cierra el libro y a propósito del músico de orquesta que se gana la vida tocando en las plazas de los pueblos. Un relato no exento de aire melancólico, tal vez trágico, de vida en la carretera y con un final de avutarda en el horizonte que -no sé bien por qué-  lo invade a uno de un sentimiento de resignación.

Y, en fin, me parece que el estilo de José Carlos Iglesias Dorado aún se ha depurado algo sin ser este malo en su primer libro. A destacar su sencillez -siempre difícil de conseguir- y su cercanía. Creo que busca resultar entrañable y lo logra, quiere toquetear las entrañas del lector y lo consigue, pero las acaricia. Es motivo de alegría su empeño en formar parte del circuito literario que tan poco espacio deja a los no elegidos y yo me alegro más que nadie: este sábado lo voy a tener en la tienda, nos hablará algo de su libro con sus propias palabras y lo hará acompañado por el librero -en fin, estas cosas pasan-, Ricardo Sanz Molpeceres -El Zorro Volador- y el escritor José Ignacio García, autor de varios libros de los que iremos hablando más adelante y ganador del Premio Miguel Delibes 2009, que ha tenido a bien dedicar unas palabras más generosas de la cuenta a los autores de este blog en el suyo: DE GRANA Y FOLIO. Estáis todos invitados: hablaremos del cometido que cumplen los concursos literarios, leeremos relatos y, bueno, literaturizaremos. O algo así.

Sábado 23 de junio.
12 de la mañana.
La Tienda de Lope.

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